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martes, septiembre 14, 2021
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A dos años de distancia (El segundo año de Miguel Barbosa)

La segunda mitad del gobierno de Barbosa Huerta será menos ríspida y más estable que la primera, en la que tuvo que lidiar con radicales e intolerantes como aquellos que despachaban en el Ayuntamiento de Puebla

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La nueva cara del gobierno de Puebla se asemeja a aquella con la que Barbosa Huerta condujo las riendas del Senado del 2012 al 2013 y en la que se impulsó el inédito e histórico Pacto por México, al inicio del sexenio de Enrique Peña Nieto

Historias de un joven reportero

Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc

Gobernar sin prensar en futurismos y sin buscar perpetrarse en el poder con proyectos transexenales son características que casi ningún mandatario puede presumir.

Tal vez el último político con estas características fue Don Melquiades Morales.

Al menos los dos últimos gobiernos, el de Mario Marín y el del fallecido Rafael Moreno Valle, utilizaron a la entidad poblana como un trampolín político para trascender a la esfera nacional.

A Marín Torres el escándalo de Lydia Cacho, que aún se mantiene vigente, le costó su sueño político de ser presidente de México, pero no detuvo la corrupción desbordada de su administración; mientras que Moreno Valle fue capaz de cometer todo de tipo de infamias y atrocidades para instaurar el régimen que sumió en la miseria a Puebla hasta que un accidente del destino le arrebató la vida y también la aspiración de llegar a Los Pinos.

Tanto Mario Marín y Rafael Moreno buscarán trascender más allá de sus sexenios. El primero no lo logró y el segundo sí y hasta en dos ocasiones con Tony Gali y su esposa, la también fenecida Martha Erika Alonso.

El marinismo y el morenovallismo eran lo mismo, aunque se intentó vender la idea de que en Puebla se vivían nuevos tiempos.

Tras el 1 de agosto del 2019, la configuración política sin duda dio un cambio radical.

El segundo año de Miguel Barbosa como gobernador de Puebla sin duda estará marcado por el correcto manejo de la Pandemia en el estado, alejado totalmente de la desastrosa estrategia federal de Andrés Manuel López Obrador y de Hugo López Gatell, y por el proceso electoral intermedio de junio pasado, en el que el oriundo del Valle de Tehuacán fue el gran ganador de dichos comicios.

Mientras en el primer año, Barbosa Huerta comenzó a sentar las bases de lo que sería su gobierno de 5 años y medio; en el segundo, sin duda, llegó la consolidación del proyecto, que está dando resultados a pasos agigantados.

Al inicio de su gestión, el mandatario mostró su mano duro al encabezar batallas contra todos los beneficiarios del modelo económico, en el que se convirtió el gobierno del estado durante la era de Moreno Valle, pero también en contra de todos los pillastres y traidores infiltrados en Casa Aguayo.

Como era lógico, el 2021 fue marcado por la elección del 6 de junio desarrollada en medio de una pandemia.

Las circunstancias políticas nacionales colocaron a Miguel Barbosa en una posición bastante incómoda y en desventaja. Incluso, hubo algunos obnubilados que se atrevieron a pronosticar un final bastante adelantado para el gobernador de Puebla, cuya segunda mitad de su administración estaría contra la pared por el marginal bloque antibarbosista.

Los resultados de los comicios recién concluidos regresaron a todos a su lugar y el gobernador Barbosa dejó claro que nadie puede subestimarlo como un gran estratega electoral ni la estructura del estado y mucho menos la investidura del titular del Ejecutivo local.

Los primeros dos años del barbosismo, como era requerido, mostraron la cara más dura e infranqueable del mandatario poblano, quien estaba determinado a acabar con los vicios y excesos del pasado.

Tal vez la frase que mejor explique esto fue la dicha por el propio Barbosa en el contexto de la disputa con los caballeros de la IP y con la Udlap: el gobierno ya no iba a tolerar ni chingaderas ni desmadres.

Tras los resultados del proceso electoral intermedio en el que el bloque antibarbosisita hizo el ridículo y fue el gran perdedor de los comicios, Miguel Barbosa regresó a ser ese político forjado en las grandes esferas nacional, aquel conciliador, de dialogo abierto y consensos con opositores y aliados.

La nueva cara del gobierno de Puebla se asemeja a aquella con la que Barbosa Huerta condujo las riendas del Senado del 2012 al 2013 y en la que se impulsó el inédito e histórico Pacto por México, al inicio del sexenio de Enrique Peña Nieto.

Si la política de cero tolerancia a la corrupción y la rudeza frontal marcaron el primer año del gobierno de Barbosa; el segundo año puede ser recordado como el año de la conciliación y el año en el que los cada quien asumió el sitio que les corresponde en el nuevo tablero de la política en Puebla.

Mientras el voto sirvió para castigar a aquellos políticos incompetentes e ineficaces como a Claudia Rivera, también funcionó como referéndum para aquellos, como el caso de Miguel Barbosa, quien logró mantener la mayoría en el Congreso del estado, que han hecho bien las cosas.

El gobierno barbosista iniciará desde hoy su tercer año con la satisfacción del deber cumplido durante la primera mitad de su gestión y con el respaldo ciudadano, que quedó claro en las urnas durante el primer domingo de junio.

La segunda mitad del gobierno de Barbosa Huerta será menos ríspida y más estable que la primera, en la que tuvo que lidiar con radicales e intolerantes como aquellos que despachaban en el Ayuntamiento de Puebla.

Sin la obsesión de perpetrarse en el poder ni de imponer un proyecto transexenal, Barbosa comenzará con el viaje de su sucesión desde este lunes en la que su administración le ha logrado quitar la fastuosidad, lo banal y lo engreído al gobierno, que sólo sirvió en el pasado reciente para el beneficio de un grupo de pillos y hampones.

Inicio el viaje de la segunda mitad del gobierno para Barbosa Huerta.

¿Qué cara mostrará ahora?

Ya lo veremos.

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