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domingo, noviembre 27, 2022
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Estas jornadas son solitarias

Debes leer

Después de Rimet

Por: María Reyes / @maria_FerGR

¿Recuerdan el viernes, cuando estábamos todos emocionados porque teníamos grandes partidos? Pues salí debiendo de todo. Se agradecen las personas que se toman la molestia de preguntar si estoy muy enojada antes de dar sus reflexiones. Son cosas que pasan, es normal; aunque sigo sin entender si es normal que un equipo pierda, es normal que todas las veces que apuesto pierdan, o es normal que esos equipos en particular pierdan. ¿Es cansado justificar todo el tiempo a estos equipos? Un poquito, pero al final es tu equipo.

Pero no quiero hablar mucho de eso, porque pesa un poco la decepción de ver el potencial no focalizado. J., ese buen amigo mío, confesaba con una cerveza amarga que vio bien al Barça considerando lo que está sucediendo en su plantel. Yo difiero nada más por ímpetu, por feeling. Como fan, me gustaría que los jugadores dieran el triple y aprovecharan para demostrar que no importa la institución, que el futbol sigue siendo un juego de determinación más que de azar, que la frustración ante la imposición o inestabilidad pueden convertirse en ferocidad y motor. Tal vez no. En un tweet lamentable, Koeman salió a decir que no merecíamos perder el juego, que ese penalti fue decisivo. Yo recuerdo cuántas atajo el porterazo y que al final el marcador fue 1-3. A mí me da un poco de rabia que la respuesta oficial del gran solucionador sea culpar al VAR. ¿Evaluó su alineación? ¿evaluó sus cambios y el tiempo? ¿Cómo leemos esto ante la posibilidad de que algo se resuelva con Bartomeu estos días?

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En cuanto a Chivas, no tengo mucho que decir, excepto que no entiendo cómo podemos ganar el Clásico Tapatío y luego salir a jugar así. En lo personal, no fue el mejor partido del Cruz Azul que he visto, aunque les sobró contundencia y alerta; ese “no te relajes ni un minuto” porque los errores del contrario muchas veces son tus mejores oportunidades de gol. Chivas, por su parte, se vio en la penosa necesidad de tener que proteger su defensa y descuidar la ofensiva. Las pocas oportunidades de gol se vieron mermadas por falta de jugadores al frente.

Lo que para mí une estas dos jornadas es la figura de los porteros. Durante dos días, si no gritábamos “Neto”, gritábamos “Gudiño”, y en realidad los penales marcados (pregunta seria: ¿estadísticamente cuántas apuestas puedo perder dos apuestas por penales?) generan todo menos rencor ante el portero. De hecho, es el jugador con menos culpa mediática y más autoflagelación personal. Pero jugador individual, al fin y al cabo, en ese limbo que significa custodiar los postes solo. Alguien, honestamente no recuerdo quien, hacía una reflexión al respecto que se me quedó marcadísima: si te meten un gol, eres el principal responsable y señalado. Si tus delanteros anotan, nadie festeja contigo como sí lo hacen entre los artífices del gol espacialmente más cercano. Si paras un gol, respiras el alivio general pero nadie corre a felicitarte, el partido sigue como siempre. Y creo recordar que Villoro en algún punto hacía también una reflexión sobre los porteros que terminaba con el suicidio de Enke, ese último hombre que lidia con una presión insólita. Esto, claro, no por demeritar el actuar de los demás jugadores, quien viven en constante dinamismo con sus contrapartes, como los bailarines del corps, que avanzan entre el desempeño y rendimiento individual y la homogeneidad precisa con los demás bailarines.

Cuando el jugador que más eco deja en un partido es el portero, por la razón que sea, creo que es una grave señal de que la ofensiva no está siendo brillante (o relevante) y la defensa, con cualquier alineación, no es suficiente y, de hecho, necesita re-conceptualizarse. En todo caso, este fin de semana tuvimos dos equipos perdedores que nos enseñaron la tibieza. Un barça que no supo optimizar y se descontroló al final del partido; un Chivas que no pudo y, por tanto, no hicieron ni una pizca de daño. Ninguno encontró la manera, ni la forma de concentrarse ni el poder interior para sacar fuerzas. Ningún DT presentó un proyecto en esos 90 minutos, ninguno ofreció la continuidad necesaria. Nos queda esperar. Esperar a las crisis reformistas que, aunque suelen tardar mucho, prometen la gloria futura… o la extinción.

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