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domingo, noviembre 27, 2022
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Fracasa la estrategia de comunicación de Max Cortazar: el 60% de los poblanos están seguros que Martha Erika hizo fraude

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Historias de un joven reportero

Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc

Los millones entregados a los medios de comunicación durante el sexenio de Rafael Moreno Valle, a través de convenios de publicidad, obras públicas y otros rubros para comprar las lealtades de los directores, columnistas, conductores y dueños de la prensa, radio y televisión en Puebla, fueron claves para influir en la percepción ciudadana.

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No obstante, La elección de los niños cantores y porristas del régimen morenovallista se convirtió en los últimos años en un constante error de los operadores con los medios de comunicación del ahora senador plurinominal del PAN durante los últimos años.

Entre los adictos al ex gobernador de Puebla y socios de sus hombres cercano se encuentran extorsionadores, ex convictos misóginos y golpeadores de mujeres, acosadores, alcohólicos y hasta ex marinistas arrepentidos.

En pocas palabras, la peor calaña que intenta ejercer el periodismo en Puebla.

Con estos aliados en los medios de comunicación, el morenovallismo logró arrasar las elecciones intermedias del 2013 y ganar con una ventaja holgada en los comicios para elegir al minigobernador en el 2016.

A través de campañas negras, filtraciones disfrazadas de reportajes y audioescándalos se logró manchar y hundir a los candidatos de los partidos de oposición.

Sin embargo, para el proceso electoral de este año, quedó demostrado algo: la estrategia de comunicación del morenovallismo es un modelo caduco que no ya no influye en nada entre el electorado poblano.

A pesar de los cientos de millones gastados en los periódicos que pertenecen a los políticos de los que todos conocemos sus nombres, la mayoría de poblanos no se dejó convencer por la guerra sucia que se orquestó en noticieros televisivos, espacios radiofónicos —pagados con el erario poblano, por cierto—, y en la prensa sicaria para atacar a Andrés Manuel López Obrador, a Miguel Barbosa y a Morena en el estado.

En la era digital en la que todo se puede medir y la influencia de los líderes de opinión se reduce a una suma aritmética, los conductores, aporreadores de teclas y pseudoperiodistas están desnudos ante la opinión pública, pero el morenovallismo sigue confiado que estos vendehúmos los ayudarán a mediar en la percepción de las masas.

El modelo morenovallista en medios de comunicación está agotado.

Pero, los operadores del matrimonio de los Moreno Valle, en especial Max Cortazar, es el último en enterarse de ello.

El ex baterista del grupo Timbiriche (porque el alcalde impuesto en Puebla capital Luis Banck no es el único con un pasado en las percusiones) tuvo dos meses para sembrar en el imaginario poblano que la ex abanderada del PAN Martha Erika Alonso ganó limpiamente las elecciones, sin embargo, Cortazar Lara fracasó en esta encomienda, la única que tenía.

La soberbia del ex coordinador de Comunicación Social del gobierno de Felipe Calderón le ganó al pensar que al contar con sus mismos aliados de siempre sería suficiente para sembrar en la percepción de los poblanos que Moreno Valle no se robó los comicios a la gubernatura en el estado.

Ilusamente, Gerardo Maximiliano imaginó que mandando boletines a los periódicos que durante ocho años han recibido a raudales dinero del gobierno del estado sin tener un público real y con audiencias compradas en Mercado Libre, programando entrevistas con los noticieros de televisión y radio que nadie ve ni escucha y creando tendencias a través de sus redes digitales de bots sería suficiente para que en Puebla se piense que la elección fue limpia y sin ninguna irregularidad.

Nada más alejado de la realidad.

Ni la relación con medios de comunicación nacionales favorecidos con contratos millonarios de publicidad durante el sexenio calderonista ni los negocios con los periodistas menos influyentes de la aldea, que tanto presume Max Cortazar, fueron suficientes para que la mayoría de los poblanos validaran la victoria de Alonso Hidalgo el pasado 1 de julio.

Cortazar, quien está más preocupado por comer en los restaurantes más lujos de la Angelópolis e invitar botellas caras a sus “hermanos del alma” en los medios de comunicación, se echó a la hamaca después del primer domingo de julio y no generó una línea discursiva ni un modelo de comunicación eficaz ni mucho menos una estrategia en redes para lograr que la sociedad en Puebla olvidara que Moreno Valle manipuló todo cuanto pudo para imponer a su esposa como la próxima gobernadora electa de Puebla.

Este lunes, la encuesta publicada en el periódico Reforma, el rotativo más leído en México y uno de los tres con más influencia en redes sociales, en la que demuestra que más de la mitad de los poblanos piensa que sí hubo un Fraude Electoral en Puebla es un golpe de realidad para Max Cortazar y todos en el grupo contacto de Martha Erika Alonso, quien, según fuentes cercanas a la ex candidata, ya vacaciona en España desde hace un par de semanas en plena guerra en el Tribunal Federal Electoral por el voto por voto de la aldea.

El fracaso del modelo de comunicación de Alonso Hidalgo en manos de Max Cortazar es evidente.

Pero, que sigan confiando en los extorsionadores, golpeadores, misóginos y adúlteros venidos a periodistas para influir en los poblanos.

Sobra decir que ya nadie en Puebla les cree a estos mal llamados periodistas. Basta con echar un vistazo a sus respuestas y comentarios en redes sociales para darse cuenta del descrédito que pesa sobre ellos.

Max Cortazar y el modelo de comunicación diseñado para Martha Erika Alonso están muriendo leeeeentooooo.

(Redoble de tambores).

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