Historia No Contada I (Nosotros somos gente buena: el subsecretario y las ginebras)

En un momento de excitación y con la valentía de diez gin tonics consecutivos, uno de los suspirantes, quien ahora tiene a toda la tribu tricolor como enemiga por su adelantada rebeldía, repartía abrazos y prometía lealtades.

Historias de un Joven Reportero

Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizPue

La euforia priista por el “triunfo” de nueve diputaciones federales en junio de 2015 tuvo como centro de catarsis la boda de Fernando Marín, segundo hijo del ex gobernador Mario Marín. A la Hacienda San Agustín, en Atlixco, se dieron cita Blanca Alcalá, Enrique Doger, Javier López Zavala, Alberto Jiménez Merino, Alejandro Armenta, Juan Carlos Lastiri, Juan Manuel Vega Rayet y Víctor Giorgana, entonces aspirantes a abanderar al Revolucionario Institucional un año más tarde.

Aunque las pruebas de una negociación entre el morenovallismo y la federación fueron más que evidentes, los brindis con champagne por la reciente victoria, que era presumida como propia, nunca faltaron entre las vacas sagradas del tricolor. Con un heroico clamor, un par de suspirantes pronosticaron —como clarividentes charros— la debacle de Rafael Moreno Valle para el 2016.

En un momento de excitación y con la valentía de diez gin tonics consecutivos, uno de los suspirantes, quien ahora tiene a toda la tribu tricolor como enemiga por su adelantada rebeldía, repartía abrazos y prometía lealtades a cada uno de sus compañeros para la campaña que ya estaba en puerta.

—Te pasé ese dato sólo a ti y terminaste madreándome con los resultados del Coneval -me reclamó el subsecretario mientras vaciaba otro ginebra como si se tratase de recursos federales- ¡Esas son mamadas¡ ¡Nosotros somos gente buena! Júntate con nosotros y ya deja de escribir pendejadas.

—La nota, subsecretario, decía lo mismo que los resultados del estudio, pero hoy no hablemos de trabajo. Estuvo muy cerrada la elección. Fue un final de fotografía.

—Ya salte de ese pinche periódico. Te están contaminando. Vente conmigo, yo te doy trabajo en México. Tú pinche jefe, el gordo, es un delincuente. Yo en lugar de Estefan le partía la madre ¿Tú también nos vas a extorsionar? ¡Nosotros somos gente buena!

— ¡Nombre, subsecretario! Los problemas de él son sólo suyos, no son míos.

— ¡Di otra vez el nombre de ese gordo extorsionador y te parto la madre! ¿Quieres que te parta la madre? ¡Dilo otra vez y te saco de la fiesta¡ ¡Te saco!

— Cálmese, subse. Como diría Bora Milutinović “yo qué culpa”.

— ¡Mírame a los ojos, cabrón! –balbuceó el ahora aspirante, quien ya resentía los efectos de su quinto ginebra en los diez minutos que llevábamos de plática-. La gente mala no puede sostener la mirada. Vuelves a mencionar a tu jefe y te parto la madre. Júntate con nosotros que somos gente buena.

—No se enoje, subsecretario. Ahí está Doger. Él es más cercano a él que yo, y le puede hacer llegar sus reclamos.

Después de la incómoda plática, el priista, quien desde hace tiempo es un ferviente devoto a la Virgen del Rosario (Robles) y a San Miguel (Ángel Osorio), intentó bailar un par de canciones con su esposa, pero terminó por hundirse en su silla para seguir vaciando las bebidas que los meseros puntualmente le sirvieron hasta el final de la fiesta.

La lujosa fiesta del vástago de Marín conjugó de manera perfecta con el entusiasmo que los peces gordos del tricolor transpiraban. Ellos, los priistas, ya se hacían de regreso en Casa Puebla, sin advertir que en el 2016 la realidad los embestiría como a un novato en su primer encierro de los sanfermines.