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martes, septiembre 14, 2021
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Las razones por las que Claudia Rivera está tan enojada

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Con lo que Claudia Rivera no contaba era que los poblanos no perdieron la oportunidad de demostrarle el aborrecimiento que sienten hacia ella, a quien aún le quedan cuatro meses al frente del Ayuntamiento de Puebla antes de desaparecer de la escena pública

Historias de un joven reportero

Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc

Más allá de la derrota del 6 de junio en las urnas y de negarse a ver la realidad, Claudia Rivera está frustrada por perder su reelección al frente del Ayuntamiento de Puebla y con ello la oportunidad de convertirse en gobernadora.

Por inverosímil que parezca, Rivera Vivanco tenía la aspiración de ser la segunda mujer en gobernar la entidad poblana a pesar de la desastrosa gestión que encabezó al frente de la Comuna capitalina, que la llevó a ser calificada como la peor alcaldesa del país.

Mareada en su ladrillo y encapsulada en una burbuja, la edil con licencia ya había trazado una ruta en la que ganar la reelección en el gobierno municipal en automático la haría la principal corredora en la carrera por suceder a Miguel Barbosa en el 2024.

Ver: ¿Con la dignidad intacta?

Si la repudiada Claudia Rivera, a pesar de todo, lograba alzarse con el triunfo en los comicios de hace una semana, su siguiente paso sería Casa Aguayo.

Por eso, la candidata reeleccionista fallida estaba tan obsesionada con permanecer otros tres años al frente de la alcaldía de la Ciudad de Puebla.

En las ilusiones, que más bien eran alucinaciones, de Rivera Vivanco ganar dos veces el gobierno municipal de la Angelópolis era más que suficiente para imponerse en unos comicios estatales y llegar así al Ejecutivo local dentro de tres años.

Claudia ya se veía con la candidatura en la bolsa.

Con lo que la candidata fallida a alcaldesa no contaba era que los poblanos no perdieron la oportunidad de demostrarle el aborrecimiento que sienten hacia ella, a quien aún le quedan cuatro meses al frente del Ayuntamiento de Puebla antes de desaparecer de la escena pública.

Los electores de la Angelópolis la condenaron a ser recordada ya no solo como la peor presidenta municipal, también como la peor candidata en la capital.

A pesar de esto, la repudiada Rivera Vivanco sigue sin abrir los ojos.

A Claudia la soberbia ya la dejó ciega.

En una rueda de prensa que será recordada por mucho tiempo, la alcaldesa se dijo víctima de un fraude durante la jornada electoral del pasado domingo.

Claudia solo tardó una semana para encontrar otro justificante a la estrepitosa derrota por 120 mil votos de diferencia con Eduardo Rivera.

En su ya característico tono furibundo y su mirada perdida, Rivera Vivanco despotricó otra vez contra todo y contra todos.

Ver: Mitos y realidades en la aldea después del 6 de junio

Una vez más, la repudiada Claudia, además de decirse víctima de las irregularidades durante los comicios ya concluidos y que fueron, a su decir, solapadas por el IEE para favorecer a Rivera Pérez, explotó contra los medios de comunicación.

Poco fue lo que le faltó a Rivera Vivanco para también tirarse al piso, como lo hace Andrés Manuel López Obrador, para definirse como “la alcaldesa más atacada en la historia de Puebla”.

Los pretextos de Claudia parecen ser inagotables e inextinguibles.

¿Qué le enoja tanto a la repudiada Rivera Vivanco?

La respuesta es simple: perder el poder.

Y es que, la repudiada alcaldesa está enferma, desde hace mucho, de poder.

Claudia ya no podrá manejar a su gusto y a sus caprichos la bolsa de casi 15 mil millones de pesos con las que el Ayuntamiento de Puebla contaría los próximos tres años.

La candidata reeleccionista fallida tampoco podrá continuar con todos los dirty business que tantos millones de pesos le dejaron en los últimos años.

Bien dicen que no hay nada peor para un político que perder el poder.

Con el poder viene el dinero, los negocios, los lujos.

Perderlo, sobre decirlo, conduce a la locura.

Los gestos y la mirada de Rivera Vivanco son el signo inequívoco del poder perdido.

Un poder que se escapa.

Un poder al que se llegó de un día al otro y que así también se fue.

Lo que fácil viene, fácil se va.

Vaya debut y despedida de la mujer que prometió ser diferente, pero que terminó peor que el resto.

Ver: El referéndum barbosista

Ni dignidad ni poder.

Solo furia, soberbia y frustración.

El poder le arrebató todo a Claudia Rivera.

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