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martes, septiembre 14, 2021
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Rescatando al Soldado Lalo

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Historias de un joven reportero

Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc

No hay una mejor palabra, que la acuñada por el brillante periodista Javier Arellano, autor de la columna Cúpula, para describir el presente por el que atraviesa el PAN tras la dantesca definición de sus candidatos para los comicios intermedios del 6 de junio: Geno-cidio.

La combinación del nombre de pila de la lideresa estatal panista Genoveva Huerta con la palabra “suicidio” dibuja de pies a cabeza el desastre que hizo la huérfana morenovallita durante el proceso de selección de los perfiles con los que Acción Nacional buscará recuperar la alcaldía de Puebla y arrebatarle a Morena los principales gobiernos municipales de la zona metropolitana y su mayoría en el Congreso del estado.

Candidatos débiles, señalados por diferentes escándalos, desconocidos y hasta vinculados con la delincuencia organizada y el huachicoleo.

Ahora sí, Genoveva se lució.

El Geno-cidio del PAN no se puede tomar a la ligera, pues la muerte a las aspiraciones panistas de regresar al poder en Puebla lleva consigo severas y serias acusaciones de corrupción, venta de candidaturas y manejo de fuertes cantidades de dinero en efectivo que terminaron en alguna de las residencias de Huerta Villegas.

Si bien todos pensamos que “La Jefa Geno” sucumbió, como era lógico, ante la tentación de agandallarse todo, y todo es todo, durante la nominación de los candidatos que irán a la boleta y los que serán plurinominales; lo que nadie visualizó era que la lideresa panista utilizara su puesto al frente del Comité Directivo Estatal del partido y su mayoría en el Consejo Político Estatal para enriquecer aún más su ya cuestionable e inexplicable patrimonio.

Hace meses ya lo habíamos advertido en las diferentes entregas de las Historias de un Joven Reportero que las carencias y ambiciones de Genoveva Huerta eran una bomba de tiempo, que terminaría por acabar con las pocas posibilidades con las que el partido azul contaba para quitarle al Movimiento Regeneración Nacional el control total del mapa geopolítico en la entidad.

Nadie al interior del PAN se puede hacer el sorprendido del Geno-cidio.

¿Qué le queda a los panistas dignos y alejados de la estela corrupta de Huerta Villegas que competirán el primer domingo de junio como el caso de Eduardo Rivera?

No, mucho.

Aunque Rivera Pérez cuenta con imagen positiva y un conocimiento altamente competitivo, la marca de Acción Nacional puedo hundirlo en la elección de junio próximo ante el desprestigio que pesa sobre el partido tras el oscuro paso del morenovallismo en el poder por casi una década.

(Caso contrario de Morena, partido que puede revivir políticamente hasta a una desahuciada Claudia Rivera, quien a pesar de ser la peor alcaldesa del país puede competir gracias a los buenos números del partido lopezobradorista).

Pero, no solo eso.

Lalo Rivera corre el alto riesgo de que los escándalos del Geno-cidio también lo manchen al representar los colores y las siglas del panismo.

Tanto cuidar su carrera política y su imagen y haber sobrevivido a los embates del siniestro Rafael Moreno Valle para que una improvisación de la fallecida Martha Erika Alonso le trunque su sueño de regresar por segunda ocasión al Charlie Hall.

El gran reto del abanderado del PAN en la Angelópolis será congregar y organizar a toda la oposición en la capital y en el estado para sumarla a su proyecto, pero los grupos contarios a la 4T se muestran cada vez más decepcionados con el PAN por las incomprensibles decisiones de su presidenta estatal.

Y es que, si el exalcalde no logra aglutinar a todos los opositores de Morena, el partido fundado por Andrés Manuel López Obrador repetirá en la alcaldía de Puebla sin importar quién sea el candidato.

Ahora, Rivera Pérez ya no solo tendrá que empezar con una desgastante operación cicatriz al interior del panismo capitalino tras el proceso interno recién concluido, también tendrá que ingeniárselas para regresar la vida al PAN después del Geno-cidio provocado por su lideresa.

La Operación bien podría llamarse “Salvado al Soldado Lalo”.

¿En dónde están los que juraban que el PAN iría a un día de campo en las elecciones de junio próximo?

Nadie contaba que Acción Nacional dormía con el asesino en la misma cama.

Geno-cidio, la palabra lo dice todo.

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