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domingo, diciembre 4, 2022
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Líderes charros, militancias rebeldes

En Morena, PAN y PRI existen líderes de facto que no necesitan el membrete oficial para que sus militantes los vean como los verdaderos mandamases de sus partidos

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Las malas decisiones, el gandallismo y los negocios turbios a costa de sus partidos, colocaron a Garmendia de los Santos, a Huerta Villegas y a Camarillo Medina en posiciones bastantes incómodas frente a sus militancias

Historias de un joven reportero

Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc

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Una de las muchas lecturas que dejó la pasada elección del 6 de junio es la falta de liderazgos políticos que ocupen las direcciones de los tres principales partidos políticos en la entidad: Morena, PAN y PRI.

La crisis interior que viven el Movimiento Regeneración Nacional, Acción Nacional y el Revolucionario Institucional es más que evidente.

Edgar Garmendia, Genoveva Huerta y Néstor Camarillo, quienes fueron impuestos como presidentes sin el respaldo de sus correligionarios, no pudieron entregar buenas cuentas a sus dirigencias nacionales, y, por el contrario, han provocado severos rompimientos, confrontaciones y escándalos que los tienen agarrados con alfileres en sus actuales puestos como dirigentes partidistas.

Ver: Luis Ernesto Derbez a la cárcel

Es más, en Morena, PAN y PRI existen líderes de facto que no necesitan el membrete oficial para que sus militantes los vean como los verdaderos mandamases de sus partidos. En el caso del partido lopezobradorista, el gobernador Miguel Barbosa es el líder moral en Puebla; lo mismo sucede con Eduardo Rivera en el albiazul; y en el lado tricolor, el verdadero ‘patriarca’ es Jorge Estefan Chidiac.

Y es que, las malas decisiones, el gandallismo y los negocios turbios a costa de sus partidos, colocaron a Garmendia de los Santos, a Huerta Villegas y a Camarillo Medina en posiciones bastantes incómodas frente a sus representados, quienes no los bajan de impresentables y abusivos, además de que exigen ya sus salidas de las dirigencias estatales.

Analicemos de manera particular cada caso.

En Morena, Edgar Garmendia llegó de rebote a la dirigencia estatal del partido marrón en Puebla tras el conflicto que provocó Alfonso Ramírez Cuellar durante su interinato como presidente nacional del partido.

Su perfil antagónico al barbosismo así como sus vínculos con Claudia Rivera y Alejandro Armenta pronto lo colocaron como un líder sin ningún peso específico ni importancia al interior de Morena, pues la presencia del nefasto Carlos Evangelista coadyuvó a que Garmendia no fuera más que un encargado de despacho al servicio de los excesos de la repudiada alcaldesa de la capital y del locuaz senador.

Durante el pasado proceso electoral, el líder estatal de Morena fue altamente desdeñado por sus militantes, quienes lo acusaron de vender candidaturas, imponer a perfiles perdedores como el caso de Rivera Vivanco y hasta de agandallarse una de las primeras posiciones en la lista plurinominal de Morena en la LX Legislatura del Congreso del estado.

La toma de la sede estatal del partido fue el fiel reflejo de que Morena, como partido, no sirve para nada en Puebla, pues la investidura de Miguel Barbosa pronto supero al mismo instituto, que no es necesario en la ruta del gobernador, quien no tiene ni la más mínima intención de rescatarlo ni intervenirlo.

Tal vez el partido que vive la peor crisis interna en Puebla es el PAN.

Genoveva Huerta fue la única responsable de que Acción Nacional, teniéndolo todo a favor, fracasara en los pasados comicios intermedios, pues las victorias en la zona metropolitana y en la Angelópolis, que maquillaron la gran derrota panista tuvieron como protagonistas a los candidatos que se rebelaron contra las malas decisiones y abusos de su presidenta.

No solo eso, la soberbia con la que se ha conducido el Comité Directivo Estatal tiene divido al panismo local en dos bandos, que ahora pelean por la presidencia del partido a pesar de los intentos desesperados de su actual lideresa por aferrarse a tres años más en el cargo y a la convocatoria a modo que se hizo desde el CEN para favorecerla.

Ver: Inicia la sucesión en la BUAP

Los panistas le han dado la espalda a Genoveva Huerta, quien busca perpetrarse en la presidencia del albiazul con otra burda imposición como sucedió en el 2018 cuando los Moreno Valle la colocaron ahí sin la unanimidad requerida ni necesaria.

Algo es claro, “La Jefa Geno” está hundiendo al PAN en la tibieza y lo está convirtiendo en un botín de unos cuantos, como el presunto acosador sexual Eduardo “Rasputín” Alcántara.

Por esto es que muchos ven a Lalo Rivera como el verdadero líder de Acción Nacional en Puebla.

Es una situación similar se encuentra el PRI y su líder Néstor Camarillo.

Aunque el Revolucionario Institucional es un partido en vías de extinción, a nivel local y nacional, sus militantes aún buscan “revivir al muerto”.

Las vacas sagradas del tricolor han comenzado una revuelta para derrocar a Camarillo Medina, quien en tiempo récord puso a todos en su contra ante su nula capacidad política y de negociación.

El actual líder estatal del Revolucionario Institucional recibió un partido moribundo al que terminó de matar al perder gran parte de su fuerza en las pasadas elecciones, pues ni la alianza con el PAN y el PRD lograron salvarlo.

Lo anterior sumado a los señalamientos de la realización de jugosos negocios con las candidaturas han puesto contra la pared a Néstor Camarillo, quien ya no cuenta ni con el apoyo de Javier Casique, que lo colocó en la presidencia estatal del partido, pero que muy pronto fue desconocido por su ahijado.

Ahora, “el inútil presidente del PRI”, como ya muchos lo conocen, busca reelegirse también con la complacencia de Alejandro Moreno, el líder nacional del tricolor, quien también tiene un pie fuera del CEN.

Ver: ¿A qué fue Claudia Rivera a la UIF?

Como sucede en Morena y en el PAN, Camarillo es un cero a la izquierda y por eso la militancia tricolor ve en Jorge Estefan Chidiac a su verdadero líder en Puebla.

No cabe duda que la crisis que viven los partidos políticos en Puebla es reflejo de sus mediocres dirigencias.

Líderes charros, militancias rebeldes.

El cuento de nunca acabar.

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